Bienvenidos a Siempre Atentos

Por una educación emocional, inclusiva, segura y positiva.

«Que lo urgente no le quite tiempo a lo importante»
Quino  

La educación emocional es un proceso educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo emocional como complemento indispensable del desarrollo cognitivo, constituyendo ambos los elementos esenciales del desarrollo de la personalidad integral (Bisquerra y Pérez, 2012). Es necesario hacer un esfuerzo para fundir los objetivos educativos con las necesidades emocionales de los alumnos. Educar en habilidades de vida o soft skills es invertir en el desarrollo integral del alumnado y aumentar el bienestar personal y social.

La escuela tiene el potencial suficiente para funcionar con eficacia emocional y cognitivamente y construir así una “base segura de aprendizaje”. La capacidad de un alumno para aprender está profundamente influenciada por las relaciones con los profesores y con los compañeros, por esto es importante dedicar tiempo de calidad para establecer vínculos sanos. Los vínculos en la escuela se impulsan mediante la construcción de un fuerte sentido de comunidad en el aula, la creación de un refugio emocional y físico gestionado por docentes cálidos y afectuosos, que mantienen en todo momento una actitud de calma, aceptación, regulación y empatía.

La educación inclusiva es la respuesta natural a la diversidad. Lo que hace iguales a las personas es precisamente que todas somos diferentes. Un aula debe entenderse como un grupo de personas unidas por el tiempo compartido, por el afecto y por un proyecto común. Los alumnos que la forman son una colección desigual de seres humanos que, con pensamientos, sentimientos y acciones, crean historias de vida únicas y conectadas. Si la participación de los niños y las niñas en su aula es activa, tienen miles de posibilidades más de aprender juntos que si lo hacen por separado. El todo es mucho más que la suma de las partes.

La disciplina positiva es un modelo educativo que se basa en el respeto mutuo y cuya finalidad es guiar y ayudar a los alumnos en su desarrollo integral. Según Nelsen (2007) se nutre de los siguientes principios: conectar con los alumnos, respetar sus necesidades tanto físicas como emocionales, establecer límites y normas amables y firmes, buscar soluciones conjuntas a los conflictos, favorecer la autonomía y la responsabilidad de los alumnos. El sentimiento de comunidad se logra fomentando la pertenencia y la participación significativa en el aula.

El Libro

Lo que aprendí mientras te portabas mal

Lo que aprendí mientras te portabas mal es una guía práctica para educadores y docentes, donde la teoría nos permite entender y empatizar con niños, niñas, adolescentes y jóvenes, que manifiestan comportamientos disruptivos, conductas que afectan negativamente a ellos y a todo el que se acerca.

Este Método se fundamenta en la creación del aula como un espacio seguro de aprendizaje, junto a una respuesta tan respetuosa como eficaz ante las crisis graves de conducta. Esto es posible fusionando la amabilidad con la firmeza, despertando un sentimiento de pertenencia al aula y de importancia, y conectando con el alumnado desde la calma, la aceptación, la regulación y la empatía

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